Andrew estaba muy desesperado, pero ni la visa ni el boleto de avión se podían conseguir de inmediato. Cuando por fin llegó a Noruega y, tras contactar con la embajada y a la policía local para buscar a Juliana, ya habían pasado tres días.
Tocó la puerta del departamento, llamando a Juliana y entró sin pensar, pero el dueño, que estaba limpiando el lugar, lo detuvo con desconfianza:
—¿Quién eres tú?
—Vengo a buscar a Juli—respondió Andrew, dándose cuenta de que el casero probablemente no la co