Una señora que recién se había divorciado de su esposo, llena de ira, se acercó y le bloqueó el paso a Callista, reclamándole:
—Con lo joven que eres, ¿por qué no haces algo con tu vida? ¿Por qué ser la otra y destruir una familia? ¡Eres una buscona!
Callista vio que una desconocida venía a gritarle y, sin pensarlo, le contestó con dureza:
—Señora, con esa pinta ni siquiera podría ser la amante de nadie. ¿Me llama amante porque no pudo satisfacer a su marido?
—¡Al menos eso es mejor que andar