Laryssa me mira suplicante. Su rostro refleja arrepentimiento, pero también desesperación. Es incómodo verla rogar así, especialmente porque ella no orquestó todo esto.
Lo que me enfurece no es tanto Dylan, sino el anciano que manipuló todo este circo, usándome a mí y al hombre que amo como simples piezas en su macabro juego.
Suspiro con frustración, pasando una mano por mi cabello antes de soltar una amarga carcajada.
—Pfft... ¿Y qué esperas que haga si estoy de acuerdo contigo ahora? —La obse