"Anabel"
Ya pasaban de las diez cuando llegué a casa. Estaba cansada, pero mis feroces estaban con toda la cuerda, y aunque ya me había hecho todos los exámenes, todavía discutían si el hecho de que me hubiera quedado en el hospital hasta esa hora había sido una decisión inteligente.
—Tu problema es ese, Douglas, ¡nunca escuchas! —se quejó la Señorita Pitbull cuando el ascensor se abrió en el vestíbulo del ático.
—¡Tú hablas demasiado, Sandra! —le devolvió el Señor Rottweiler.
—¡Ya basta! —E