"Irina"
Ya estaba casi sin aliento de tanto gritar, ese viejo depravado muerto encima de mí, su saliva pegajosa escurriendo en mi pecho y todavía sentía esa cosa de él dentro de mí. ¡Qué asco! Y ni siquiera pude empujarlo, parecía estar pesando una tonelada. Ya estaba llorando de desesperación. Moriría ahí lentamente debajo de ese muerto y nadie vendría a ayudarme. Pero ahí oí el ruido en la puerta.
—Por favor, ayúdame, ¡se murió! —Supliqué una vez más y finalmente esa gobernanta tonta entró a