La sala de juegos de Patricio era realmente increíble, era como entrar en un casino en Las Vegas. Muchas luces, ruleta, mesa de cartas, máquinas arcade, tragamonedas, en fin, una infinidad de juegos. Todo era muy elegante y organizado.
— Sean bienvenidos a mi humilde residencia. —Patricio habló con una reverencia exagerada.
— No seas presumido, Patricio, tu casa no tiene nada de humilde. Esto es un exagero para un tipo que vive solo. —Samantha lo cortó.
— Es que me gusta recibir a los amigos, Sa