Cuando sentía la mano tocarme, ya sabía de quién era, mi cuerpo entero se estremeció al contacto de Alessandro. Pronto, escuché detrás de mí:
— ¿Pero de nuevo, Taís? ¿Ahora cada vez que las veo están rodeadas de esta pandilla de muchachotes? —Rick estalló y nosotras comenzamos a reír como locas.
— Ah, pero están haciéndose las listas, ¿no es así? —Alessandro habló poniendo su mano en mi hombro—. ¡Lo hicieron a propósito!
— ¡Nadie los llamó aquí! —Mel respondió sin siquiera mirar a la cara de Nan