—Señorita Catarina, el Sr. Martínez quiere que vaya a su oficina inmediatamente —Mi nuevo jefe llegó a mi cubículo diciendo—. Puede subir ahora. ¿Ya terminó esa lista que le pasé?
Miré a aquel hombrecito rechoncho con anteojos redondos de marco de tortuga y sonreí. Era una figura graciosa, pero muy amable y se la pasaba tarareando todo el tiempo en la oficina.
Me habían asignado al sector comercial, el piso era todo abierto con varios cubículos dispuestos en grupos de cuatro, la única oficina