A la mañana siguiente Alessandro insistió en llevar a Pedro a la guardería y después dejarme en el trabajo nuevamente. Decía querer aprovechar cada segundo con nosotros.
Cuando dejamos a Pedro en la guardería, su profesora también pensó que Alessandro era su padre, comentando lo mucho que se parecían. Una vez más Alessandro no me dejó deshacer el malentendido y agradeció todo orgulloso.
Pero, en el camino hacia Lince, Alessandro estaba algo callado, pensativo. Imaginé que sería por todo lo que