Miré hacia atrás y no pude creer lo que veía, Patricio y Alessandro venían en nuestra dirección y Alessandro llevaba a mi hijo en brazos. Pedro tenía una carita muy feliz y saludaba a todos los que pasaban junto a él, quienes suspiraban y comentaban lo lindo que era ese niñito.
Cuando llegaron a mi mesa, mi pequeño agitó sus bracitos y gritó:
— ¡Mamááá! ¡Vine a buscalte!
Mis ojos se humedecieron y tomé a mi hijo en brazos llenándolo de besos.
— Espero que no te moleste que haya recogido a Pedro