— Hola, Mel, Heitor me llamó. ¿Sabes para qué? —le pregunté a mi amiga cuando entré a su oficina al final del día.
— No sé, Cat. Ni sabía que te había llamado. Voy a avisarle que estás aquí. —Melissa se levantó y entró a la oficina del jefe, luego regresó y me hizo señas para que entrara.
— ¡Catarina! —Heitor me saludó con una enorme sonrisa—. Primero déjame decirte que estoy muy feliz de que tú y mi amigo finalmente se hayan reconciliado.
— Gracias, Heitor. Espero que tu amigo no vuelva a ha