Había pasado cinco horas y, en tan solo unos minutos, saldría a cenar con Erick.
Ya estaba lista, había recogido mi cabello en una coleta alta, mi rostro sólo maquillado de una forma nada exagerada.
Me permití observarme un segundo en el espejo frente a mí. Aquel vestido azul que Jimena me prestó se ajustaba de manera perfecta a mí delgado y pequeño cuerpo y, como comento Jimena, ese ajustado vestido que llegaba cinco dedos más arriba de mis rodillas hacía resaltar mis curvas.
Me veía hermosa.