Durante el trayecto al hospital no hago más que gritar del dolor que aumenta con cada segundo que pasa mientras a mi lado escucho al ojiverde pedirle a mi mejor amigo que conduzca más rápido.
Y cuando por fin llegamos, es Erick quien me ayuda a salir del coche. Posa su mano en mi espalda y la otra por detrás de mi rodilla para alzarme, y de verdad se lo agradezco porque el dolor que estoy sintiendo es tan horrible que apenas puedo mantenerme de pie.
Los minutos posteriores a ese no soy muy clar