Nervios, alegría.
Y un sin fin de emociones más que, al momento, no supe descifrarlas, invadieron todo mi cuerpo.
Mi mente era todo un caos, no pensaba con claridad. Mis manos estaban sudorosas, toda yo lo estaba, y mi corazón con cada segundo que transcurría latía con más fuerza.
Frente a mí, Erick seguía de rodillas esperando por mi respuesta, quise dársela y lo intente, pero mis labios se movieron y las palabras salían cortadas y atropelladas.
Erick: Y entonces... — Dijo él ante mi silencio,