17. ENCERRADA
Raquel Martínez
Detiene el auto frente a la casa poco después, se bajó de primero para abrirme la puerta del auto y una vez pongo un pie afuera vuelve a tomarme del brazo. Entramos a la casa y el ojiverde desaparece unos minutos en los que creo que ya pasó todo, que no reclamará nada más, pero me equivoco al verlo salir del pasillo que da al pequeño despacho con unas llaves en sus manos.
— Sígueme —pasa por mi lado, pero se detiene al ver que no lo sigo.
—¿A dónde? —la voz me sale temblorosa.
—