No podía dejar de mirar a la jovencita a la que embestía, y que tenía lágrimas en los ojos debido al segundo orgasmo que alcanzaba en pocos minutos. Había estado con infinidad de mujeres en su vida, pero ninguna lo llenaba como ella.
Constanza se entregaba sin reservas, siempre dispuesta a aprender todo lo que él deseaba enseñarle. Sus enormes ojos azules siempre lo observaban con emoción, incluso si no tenían sexo..
Esa joven lo llenaba de vida, aunque no fuera del todo consciente de ello.
—Pre