Damon
Después de escuchar toda la visita de esa mujer al departamento, mando al guardia a seguirla y voy en busca de mi Constanza.
—Hola, mi amor —me dice con entusiasmo, echándome los brazos al cuello.
Sin importarme la presencia de los demás, la tomo por la cintura y la beso con intensidad, casi devorando sus labios. Mi corazón se acelera como cada vez que la beso y pronto me olvido de que no estamos solos.
Mi necesidad de ella no conoce límites. Apenas puedo soportar que tenga que volver a trabajar y separarse de mí después de haberla disfrutado tanto.
—Eh… Existen los hoteles, ¿sabían? —nos dice Omar.
Aunque no abro los ojos ni dejo de besar a Constanza, sé que ella le levanta el dedo medio. Solo al escuchar la risa de mi abuela y Gina es que se aparta de mí, avergonzada.
—Perdón, Lucy, es que…
—Ay, ¿de qué te avergüenzas? Yo también hice eso con mis hermanos fastidiosos —dice, dándole un pellizco a mi cuñado.
—¡Ay, eso dolió! —se queja—. Solo…
—Puede que no sea tu abuela, muchach