Constanza
—¿Oferta? —pregunto con tono irónico, pero ella asiente—. ¿De verdad?
—Sí, sí, claro —asiente Amelie con una sonrisa un poco arrogante—. ¿De qué piensas vivir, Constanza? Sé que has vuelto con tu esposo, pero siempre has sido una mujer independiente.
—Sí, desde luego, y por eso ya estoy trabajando en nuevos proyectos —le digo con orgullo—. Te agradezco que te hayas tomado la molestia de venir hasta acá para ofrecerme algo, pero, como puedes ver, ya estoy en otra cosa.
Amelie se quita l