Constanza
De alguna manera, este par de infelices ha logrado que me vaya con ellos al departamento de Damon. Mi cabeza me grita que los mande al infierno, pero mi cuerpo se desnuda para ellos; no para tener sexo, sino para sentir su calor por completo.
—Voy a ser padre, no sabes lo feliz que eso me hace, nena —murmura Cillian sin dejar de besarme—. Nuestras noches de amor tuvieron consecuencias.
—Al parecer no querías quedarte sin eso —bromea Damon, sin parecer enojado—. Nos perteneces, Constanza.
—No, ya no diré eso —gruño, acostándome boca arriba—. Los dos me dejaron, y hasta ahora no me han dado ninguna explicación.
—No está bien que te preocupes con esas cosas —susurra Cillian, jugando con uno de mis pezones—. Solo quiero que sepas que te amo.
—Me costó tiempo averiguarlo, pero lo encontré, y por eso te pedí tiempo —me explica Damon—. Nunca quise dejarte, solo que estuvieras a salvo.
—Me voy —gruño—. No quiero más mentiras y…
—Nos deshicimos de esas dos miserables ratas —me suelta