Capítulo 98. Desespero y devoción.
—Arthur... —Gimió, arqueando la espalda cuando los labios de él rozaron sus senos.
Él no se apresuró.
—Dime qué sientes —susurró contra su piel—. Háblame, Camila.
—Siento... siento que me quemo. —Ella hundió los dedos en el cabello de él—. Siento que me amas.
Arthur se detuvo un segundo. Besó el lado izquierdo de su pecho, justo sobre el corazón.
—No tienes idea.
Bajó más.
Separó sus piernas con suavidad.
Camila esperó la urgencia de siempre, pero Arthur se tomó su tiempo.
Besó la parte interna