Capítulo 86. El sonido del infierno.
El tono de llamada resonó en la sala gris como un martillo golpeando un yunque.
Tuuu... tuuu... tuuu...
Bruno miraba el teléfono en manos de Victoria como si fuera una bomba a punto de estallar. Cada segundo de silencio era una tortura física, peor que el fuego en sus costillas rotas.
—Contesta, maldita sea... —susurró, con la frente perlada de sudor frío—. Contesta, Cami.
—Equipo Bravo a diez minutos —informó David, con el auricular pegado a la oreja, pálido—. El tráfico en Circuito Interior e