Capítulo 82. El despertar de la presa.
La luz del sol no entraba; invadía. Camila abrió los ojos y lo primero que sintió fue el peso de la soledad en la cama. Extendió la mano por la sábana de hilo egipcio. Fría. El lado izquierdo del colchón inmenso estaba vacío.
Se sentó de golpe, ignorando el mareo leve y la protesta de cada músculo de su cuerpo. La habitación era un desastre. No había rastro del orden inmaculado que Arthur solía imponer en su vida.
Las almohadas estaban tiradas en el suelo. La sábana bajera estaba salida de un