Capítulo 48. Código de sangre.
Interior del Aston Martin. Viaducto Miguel Alemán
El Aston Martin no corría; devoraba el asfalto. Arthur conducía con una mano en el volante y la otra golpeando la palanca de cambios, esquivando el tráfico del mediodía con una agresividad suicida.
El motor rugía a seis mil revoluciones, pero dentro de la cabina insonorizada, el sonido dominante era el terror.
En el asiento trasero, el drama médico había entrado en su fase secundaria. Hanna ya no se asfixiaba.
El aire entraba en sus pulmones c