Capítulo 46. La herencia equivocada.
Autopista Urbana Norte
El silencio dentro del deportivo no era paz; era una mordaza. Camila Ávalos iba sentada en el lugar del copiloto, rígida como una estatua de mármol negro.
Obedeciendo la orden de Arthur, vestía de luto riguroso: un vestido negro, cerrado hasta el cuello, gafas oscuras que ocultaban sus ojos hinchados y el cabello recogido en un rodete severo.
Parecía la viuda perfecta. Se sentía como una impostora condenada a muerte.
Arthur conducía con una sola mano, relajado, dominand