“Flávio”
En cuanto Manu se durmió, volví a la sala; tenía una conversación pendiente con su hermano.
—Mira, he visto muchas cosas malas, pero lo que esta mujer le hace a Manu es demasiado incluso para mí —comenté nada más sentarme—.
—Antes era peor. Manu recibía palizas horribles por cualquier cosa. Un día, Rita la golpeó con un cinturón; el cuerpo de Manu quedó cubierto de marcas de la hebilla, todo porque Manu entró corriendo a la casa y se tropezó con un adorno que se rompió. Manu solo tenía diez años. Rita siempre la amenazaba con que si le contaba a nuestro padre lo de las palizas, la castigaría aún más. Para entonces, yo ya me había ido de casa; solo me enteré porque sospeché que Manu llevaba un suéter en verano, y la obligué a contármelo. —Casi le pego a Rita, pero llegó mi padre y nos peleamos; Manu me suplicó que no le dijera nada —dijo Camilo con los ojos llenos de lágrimas.
—Y esa no fue la primera, ni la última, ni la peor —añadió Olivia—. Me sorprende mucho que Manu no od