“Flávio”
Estaba en la comisaría. Después de ver a Sabrina, no volví a casa. Amanecía y tenía que irme a trabajar. Pensé que era mejor no molestar a mi pequeño. Pero iba a molestar a alguien más. Cogí el teléfono y llamé a mi padre.
—¡Flávio, buenos días! ¿Ya estás recuperado? —contestó mi padre con calma. Sabía que siempre se levantaba muy temprano y que a esas horas ya estaba sentado en la biblioteca de casa leyendo las noticias.
—Papá, ¡nunca te he perdido! Solo te llamaba para contarte algo