"Héctor"
Cuando llegué a la empresa el viernes, Júlia, mi secretaria, vino corriendo detrás de mí. Julia era genial y estaba felizmente casada, así que estaba fuera de mi alcance; había estado conmigo el tiempo suficiente como para tomarse algunas libertades y mantuvo las cosas entre nosotros de manera muy profesional, y nunca la intimidé. Pero Julia ya tenía casi sesenta años.
-Señor Martínez, tiene usted un millón de asuntos pendientes en su escritorio y todos estos mensajes. – Júlia me entre