La puerta de la habitación se abrió y entró un grupo de mujeres lideradas por Melissa.
—¿Qué demonios hiciste ahora, Meléndez? —Melissa resoplaba de rabia.
—Melissa, ahora no. —suplicó Alessandro.
—¡Ahora! Te advertí, Meléndez, que no te metieras con mi amiga. —Melissa se sentó a mi lado y me abrazó. —Sal, tus amiguitas están en la recepción, déjanos cuidar de Cat. ¡Vamos! —¡Estaba furiosa!
Alessandro se pasó las manos por la cara, me besó en la frente y se fue. Levanté la vista y vi a mis amig