Los días pasaron rápido. Habían pasado quince días desde que volví al trabajo en el Grupo Meléndez. Todo iba bien, seguía la auditoría y hacía mi trabajo sin problemas. Alessandro y yo seguíamos con nuestras bromas y nuestros pasteles de chocolate. Como prometió, me comió en su escritorio, me dejó montarlo en su silla y perdí la cuenta de las veces que me tuvo en ese sofá. Dormíamos juntos casi todos los días en mi casa y los sábados dormía en la suya.
Era muy feliz. Tenía un novio maravilloso