víctor
Jennie… no hay una razón lógica para que mi cabeza ahora gire en torno a ella. Me gusta.
Esta chamaca me gusta más de lo que creí.
Ya no tengo porque resistirme si he caído como un chino por ella.
Me voy a casar.
—Despierta, mano—me sacudió Fer.
—He, ¿qué quieres?
—Te estoy hablando, parece que andas todo volado ¿Qué te pasa?
Suspiré.
—Creo que me pegó.
Fer chasqueó la lengua.
—Voy, ¿apoco ya te gusta Jennie?
—La besé—volví a suspirar—, nunca había probado una boquita tan tierna.
—Jijo, m