Imran estaba sentado en la terraza de su casa, con la vista perdida en el horizonte
La mañana aún estaba fresca y la brisa le revolvía el cabello, pero su mente estaba muy lejos de allí.
Apenas había dormido unas horas, su corazón seguía atrapado en el duelo, aunque poco a poco la vida intentaba abrirse paso de nuevo. Su primo Zaid se acercó con dos tazas de café, dejando una frente a él y tomando asiento a su lado.
—¿Cómo te sientes hoy? ¿No piensas volver a la empresa por todo esto?—pregunta