57. Firmar para sostener lo que queda.
El número sigue incompleto aunque las llamadas se acumulen en la pantalla como intentos que no alcanzan, y el tiempo avanza con una presión constante que me obliga a tomar una decisión que había evitado hasta este momento, porque implica abrir otra deuda, otra capa de riesgo, otra posibilidad de que todo se complique aún más, pero la imagen de mamá en esa cama, conectada a monitores que marcan su estado en líneas que suben y bajan sin consultarme, deja claro que la duda ya no tiene lugar.
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