56. El dinero que no alcanza.
El ingreso al hospital marca un cambio de ritmo que no concede pausas, porque apenas cruzo la puerta de emergencias siento que todo se acelera con una lógica propia que no depende de mí, donde cada persona cumple una función precisa mientras mi cabeza intenta seguir el paso sin perder de vista lo único importante, que es mamá respirando, sostenida ahora por manos ajenas que saben más que yo, pero que también la alejan de mi alcance en cuanto la trasladan hacia el interior.
Sofi se aferra a mi b