50. A oscuras, sin distancia.
La caída de la luz ocurre sin aviso, en medio de una tarde que ya venía cargada de tensión, y el edificio entero se sumerge en una penumbra repentina que transforma cada sonido en algo más nítido, más cercano, como si el entorno se replegara para dejar espacio a lo que todavía no termina de decirse entre nosotros.
Estoy en la oficina de Adrián cuando todo se apaga, con la pantalla frente a mí quedando en negro y el leve zumbido de los equipos desapareciendo en un instante, y durante un segundo