176. Elegirse todos los días.
La ciudad quedó atrás envuelta en una cortina gris que desaparecía poco a poco en el espejo retrovisor. Los edificios cedieron su lugar a los campos abiertos, los carteles luminosos fueron reemplazados por hileras de álamos y el ruido constante del tránsito terminó convertido en un murmullo lejano que ninguno de los dos echó de menos.
Adrián conducía con una serenidad que hacía mucho tiempo no veía en él. Conservaba una mano sobre el volante mientras la otra descansaba cerca de la palanca de ca