Capítulo cuarenta y uno.

El miedo me atenaza y tiemblo incontrolablemente, mi cuerpo solo responde a su calor, a su consuelo. Rogers me aprieta contra su cuerpo tratando de sosegar mi dolor, necesito que me la devuelvan, la necesito conmigo… necesito a mi hija. El teléfono suena y él salta en ese preciso instante de la cama corriendo a buscarlo, mi piel duele al dejar su contacto y mi cuerpo lo reclama al instante, sollozo nuevamente con las manos cubriendo mi rostro de rodillas en la cama.

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