Perspectiva de Dominic
El segundero del reloj de pared de la clínica parecía martillear contra mis sienes. Tic, tac, tic, tac. Era el único sonido que competía con el respirador de Cloe. Me sentía agotado, con la espalda entumecida y los ojos ardiendo por la falta de sueño, pero no podía soltarla. Sentía que, si mi piel dejaba de tocar la suya, ella se perdería definitivamente en ese océano gris del coma.
—Sé que te estás riendo de mí, nena —susurré, con la voz ya ronca de tanto hablarle al vac