Capítulo 30: El Peso de la Furia

El "clic" de la puerta abriéndose fue el fin de nuestra pequeña victoria. El aire en la habitación cambió de golpe, pasando de la diversión de las cotufas al aroma metálico del peligro. Dominic entró primero, con la mandíbula tan apretada que parecía que sus dientes iban a romperse. Detrás de él, Spencer lucía como un animal herido sediento de revancha.

—¡Corran! —gritó Cassey, reaccionando por puro instinto.

Saltamos de la cama intentando llegar al baño para encerrarnos, pero no fuimos lo sufi
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