La mañana en la villa Russo amaneció con un silencio denso, de esos que anuncian tormenta. Encontré a Cloe en el jardín acristalado, mirando hacia la nada con una taza de café humeante entre las manos. Todavía tenía grabada en la retina la imagen de anoche, su beso con Michelle, esa entrega fingida que me había arrancado el alma frente a los socios.
—Cloe, tenemos que hablar. Lo de anoche... ese beso... —comencé, acercándome con pasos pesados.
Ella se giró lentamente. Sus ojos estaban secos, end