Perspectiva de Cloe
Setenta y dos horas. Setenta y dos horas exactas desde que el motor de aquella camioneta se apagó en el estacionamiento de urgencias, setenta y dos horas desde que vi por última vez a Dominic caminando hacia la oscuridad para terminar con todo.
El silencio en la habitación del hospital era un martillo que golpeaba mi cráneo sin descanso. Los pitidos del monitor cardíaco que me controlaba a mí y los ecos lejanos de los monitores de la unidad de cuidados intensivos, donde Ales