Me quedé allí, en el suelo frío del hospital, sintiendo cómo la realidad se desmoronaba. Todo lo que habíamos construido, todas las promesas bajo el sol de Kardamili, los planes para la casa de la colina, los sueños de criar a Alessia lejos de los Russo... todo se había convertido en humo.
El nombre de Michelle Russo, un nombre que había sido una maldición durante años, ahora estaba unido al nombre de Dominic en una muerte compartida. La ironía era tan cruel, tan insoportable, que me faltaba el