El tamborileo del celular vibrando sobre la mesa me despierta. Estoy comenzando a odiar ese maldito aparato infernal, hace mucho tiempo que no duermo de forma tan placentera. No es que haya soñado con un puto paraíso donde todo es felicidad o algo parecido; no, simplemente pude cerrar mis malditos ojos sin ser enviada al infierno del fuego y los gritos, o hundirme en un mar de sangre donde la bestia se sacia a voluntad.
Intento estirarme para desentumecer los músculos, pero un peso sobre mi pec