Me despiertan los fuertes golpes de la remodelación y el olor a hot cakes recién hechos.
—Maldita sea.
Me cubro la cabeza con la manta para volver a dormir, pero el rugir de mi estómago me lo impide. Resignada me arrastro hasta el borde la cama y me quedo inmóvil observando la tenue luz que se cuela del exterior. Recojo mi celular, que anoche dejé abandonado bajo la almohada, para constatar la hora; a pesar de ser las nueve de la mañana el día parece presentarse demasiado oscuro. “¿Todavía esto