Esa mujer… Esa arpía.
¿Cómo podía arruinar un momento tan bonito?
La música se detuvo, los murmullos llenaron la habitación, todas las cabezas giraron en la misma dirección.
Perfecto, tal y como le gustaba, se convertía en el centro de atención. Porque si vivía cinco minutos sin tener al mundo a sus pies, se moría. Una mujer detestable por naturaleza.
Sus ojos azules y calculadores cayeron sobre mí y simplemente, sonrió.
Connor dejó de rodearme, su cuerpo recto y en alerta. Le hiz