Amaba bañarme, lo consideraba terapéutico. Podía durar horas debajo del agua, relajando mi cuerpo, despejando mi mente.
Estaba con los ojos cerrados, las gotas de agua cayendo sobre mi cabellera abundante, deshaciendo mis rizos naturales, cuando una mano grande y cálida cubrió uno de mis pechos. Me sobresalté, pero enseguida supe quién estaba detrás de mí en el momento en que su erección presionó mi espalda.
—Connor… —susurré, mi libido subió al instante al sentir su piel desnuda contra la