No pude evitar llorar en todo el trayecto hasta la mansión. Donovan no dijo nada mientras conducía, pero pude notar las miradas de incomodidad a través del retrovisor. Por su gesto, seguro pensaba que me ocurrió algo malo en el hospital, pero era todo lo contrario. Estaba feliz. Muy feliz.
La emoción envolvía mi pecho.
Una vez que llegamos, fui directo a la oficina de Connor, donde sabía que estaría ya que era una rutina para él trabajar a esta hora.
Al abrir la puerta doble, me encontré