—¡Gracias al cielo! —La voz llegó apenas dimos un paso dentro de la mansión. Los brazos de Scott me rodearon—. ¡Estábamos muy preocupados! Tuvimos que salir de emergencia porque Edmundo llegaba y no podía ver el coche. Estuvimos afuera de la fortaleza de ese hombre, a unos metros de distancia, esperando que ustedes aparecieran. La señora Geraldine llegó hasta donde estábamos para informarnos que ustedes desaparecieron, que no los encontraban en ningún lugar. Dimos vueltas en el auto, pero no lo