Me entregaron mi celular como si me estuvieran haciendo un favor, como si no me perteneciera. Dudé al presionar las teclas. No sólo porque estaba a punto de pedirle una gran cantidad de dinero al hombre que tomó mi vientre como rehén, sino por lo que me pediría a cambio.
Me odié a mí misma por recordar su número a pesar de haber pasado diez años. Y mucho más, porque al llamar me apareció una notificación avisando que el número estaba bloqueado.
Cosa que había hecho la misma noche que termi