Un escalofrío recorrió mi columna y mi corazón no dudó en golpear con fuerza contra mis costillas.
Mis ojos fueron en todas direcciones, en busca de ayuda, de alguien que estuviera pasando, pero no había nadie. Estaba sola.
—Puedes llevarte mi cartera, solo no me lastimes —dije con sensatez, siendo consciente de que sería estúpido luchar por unos pocos billetes y un celular que está más dañado que mi historial crediticio.
En eso, una minivan se detuvo a mi lado y pensé en gritar, pero rápi