A medianoche, recibí una llamada que me hizo sentarme en la cama de un solo movimiento. No estaba dormido y con la noticia que me acaban de dar, lo que menos haría sería dormir.
—Madre, ¿está segura de lo qué me está diciendo? —pregunté nuevamente, creyendo que estaba bromeando. Aunque era imposible, mi madre jamás bromeaba.
—¡Sí, se fue! ¡Edmundo se fue! ¡Me dejó una nota diciendo que se marchaba del país y que no pensaba regresar! —La voz de mi madre se escuchaba desesperada. Apenas podía